Ella sabía que ese era el preciso momento para hablarle
sobre lo que tanto había planeado en su cabeza, el día del acercamiento, era
poco creíble pero muy creíble al mismo tiempo, tanta gente por aquí y por allá,
tantos sueños que se destrozarían aquel día si ella decidiera hablarle a la
persona equivocada ¿sabes lo que pasa?...
Voces desde lo alto anunciaban una victoria que se esperaba
con ansias, fue la mejor de todas, ya que nos aseguraba lo que queríamos hace
un tiempo atrás, las personas corrían desorientadas buscando algo que beber,
que comer, que saborear, ya no quedaba nada en el camino, solo hojas secas que
no sabían respirar, el pisoteo de tantos las dejó morir.
Hizo el recorrido que todos hacían, detrás de la línea verde
que le indicaba cuando seguir, al tiempo que la rojo cuando detenerse, pero
observó mal y eso hizo de su día, un maravilloso día. La línea que indicaba el “siga”
extrañamente para ella cambio a un “alto” y se detuvo frente a frente con el
ser de ojos más tiernos y expresivos que a su alrededor habitaba, no mostraba
sonrisa, pero sin hablarle, sin escucharlo, sin tocarlo, lo conoció por
completo y sus palabras volaban, de su mundo, a él. La corriente por la que sin
desearlo ambos se vieron arrastrados…
Un momento casi perfecto, en el que la manipulación de ambos
por conocer al otro estuvo a favor de los dos, los cosmos vacilaban con ellos y
nada más que meteoros y satélites los acompañaban, el mundo, este mismo mundo,
había quedado deshabitado, no se hallaba la malicia, ellos no eran perfectos,
es cierto, pero la cristalina aura de sus miradas demostraba a todo lo que
tuviese vida en ese instante que… De amor si se vive. Los hubieran visto, era
un baile perfecto.
En su mente solo estaba el escucharle, aunque sea una vez
más, más tarde no habría tiempo de entablar una plática formal, el más tarde se
le estaba escapando ¡ahora! Sin embargo nada de eso les aterraba, ellos sabían
que esa sería la última vez, que jamás se volverían a ver, ni a hablar, ni a
escucharse, pero se conformaban con el estar allí, de pie, frente a frente, sin
desear lo más mínimo como un agarrón de mano ¿quién lo querría, cuando se tenían?
Dos desconocidos que decidieron confiar, porque no había más
opciones, porque en sus entrañas algo les gritaba, ya sin voz, que así lo
hicieran. Confiaron, hasta tal punto en el que sin necesidad de pruebas
absurdas, de engaños, de sonrisas pícaras, se confesaron cuanto habían deseado
versen a los ojos, reflejarse el uno en el otro; ella no aguantaba la presión
de su mirada intrigante y directa, no le quedó más remedio que huir, sin
dar respuestas y solo deseándole a ese gentilhombre el bien.
Por mi parte me queda decir que ella aún no logra sacarlo de
su cabeza, pone una mano en su pecho, respira hondo, mira hacia el horizonte,
cierra los ojos y sonríe…
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