
Cada día despertando a la hora adecuada y mirando perfectamente cual es el mejor momento para los determinados asuntos, se llega a creer que nada puede irrumpir el paso hacia esa gloriosa terminación de la rutina, pero no es cierto. Justo cuando menos lo creemos algo sucede y algo de nosotros que da al descubierto. Un ejemplo: la niña buena de casa que no sabe nada sobre la vida, pero que cada que se le antoja ve porno, aunque no le halle en sí la gracia...

Cosas que suceden y suelen ser graciosas, como el porqué todos te miraban al pecho y hacían una cara de sorpresa y cuando llegaste a casa lo descubriste ¡saliste sin sostén! Te da cierta pena pero te hechas a reír ¿Qué más podrías hacer? Cosas que parecen que a cualquiera le sucedieran menos a uno mismo, porque creemos que para el ridículo estamos muy lejos, es más, no conocemos, la palabra "ridículo"... Es que cada uno se considera inmune al algo que "quizás" le afecte psicológica, emocional, social, sentimental o profesionalmente. Deberíamos despojarnos de tanta vestimenta absurda hacia la vida.
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Un día cualquiera, gritarle al mundo ¡Qué mierda me importa! Y no porque no le halles el sentido a la vida, es porque no le hallaste y no tiene sentido darle importancia a superficialidades tan simplonas y cotidianas ¡pero es que por todo hacemos un escándalo Y a mi parecer y lo que he llegado a ver de esta juventud, cada vez son más los chicos quienes dramatizan hasta morir un grano en la frente, un minúsculo grano en la frente... La vanidad ha hecho lo suyo. Henos aquí infinitamente humanos, infinitamente vanidosos.